Mostrando entradas con la etiqueta Recopilación de sueños. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Recopilación de sueños. Mostrar todas las entradas

random


Abro los ojos rápidamente y veo a mí alrededor, estoy en una especie de hangar de aviones o, mejor dicho, en un depósito de aviones viejos a lo lejos veo a un hombre correr con mi hija en brazos...
Empiezo a perseguirle saltando como en una película americana por todos los aviones viejos que tiene un aspecto lúgubre, es de noche y la luz es muy escasa, a lo lejos escucho a mi nena gritar:
-papiiii, papiiiii, ayuda!-

Subo a lo alto de un avión, y no puedo ver nada porque la oscuridad se extendía mas y mas por el viejo hangar una especie de niebla empieza a cubrir todo el lugar haciendo imposible ver nada, sigo corriendo siempre hacia los gritos desesperados de mi hija, no paro de correr de repente aparezco en un cementerio leo las lapidas pero están llenas de símbolos que desconozco al final de un camino veo una pequeña luz y escucho a mi hija de nuevo...

Corro y corro desesperado por encontrar a mi hija, veo a una persona que va acercándose hacia mí, es mi primo y va con bate de base-ball le pregunto hacia donde se dirige, pero no me ve ni me escucha sigo corriendo hasta llegar a una pequeña farola que justo al verla se apaga...

Me giro y atrás de mí se encuentra aquel hombre extraño con mi nena en brazos, me quedo paralizado
Y sin decir palabra se esfuma ante mis ojos...

Vigilia
Despierto y escucho a mi nena llamarme  corro hacia su curto y la abrazo tan fuerte que me dice:
-auuhh papi pupa...

De los más largos que recuerde

Estoy enfrente de un grupo de personas se podía distinguir entre ciudadanos, guardaespaldas trajeados de negro, y en el medio del grupo y siendo el centro de atención, los príncipes de Asturias que habían venido a Altea a visitar las instalaciones de la facultad de Bellas Artes. La acción se sitúa a las afueras de la misma.

El paisaje estaba formado completamente por rocas sedimentadas, de tonos anaranjados, estábamos en Altea, que ahora era una vasta isla rocosa con estalagmitas de coral y minerales. En la isla se hallaban hundimientos donde el agua se acumulaba, cristalina, y de ella reflejaba colores brillantes debido a la luz solar. El cielo despejado, había mucha luz pero el sol apenas brillaba, el cielo era casi blanco.

Letizia se quejaba por el viaje:
-¿para esto me he tirado una hora de viaje?

Supuse que vinieron en helicóptero, ya que no hallé ninguna otra posibilidad lógica para acceder a la isla. Felipe comprobaba la resistencia del edificio dándole unos golpecitos con el pié a uno de los tubos de aluminio brillante que del edificio surgía.


Me separé del grupo y me puse a andar. Pasé por delante de la entrada a la facultad, muy pequeña de puertas correderas con sensor de movimiento, al lado de la puerta un cartelito en el cual señalaba:

<-- Facultad BB.AA.
Sauna Spa-->

Allí me encontré con una compañera de clase, Mar, que andaba buscando un aula en concreto, tras mostrarle mi desconocimiento sobre tal lugar, le hice un comentario sarcástico sobre el cartel, me sonrió y ya me encontraba bajando unos escalones hechos de la misma roca natural de la isla. Los peldaños eran pequeños y peligrosos, de hecho tenía un acantilado enorme al lado derecho.


Ahora me encontraba en el recreo, una vasta superficie igual de anaranjada, brillante y rocosa, solo que esta vez el suelo se disponía liso completamente, y sobre él, una capa de medio palmo de agua. Había pistas de fútbol, baloncesto, un merendero y varias zonas de ocio, al fondo, una cueva  gigantesca, el arco de la entrada de la misma podía perfectamente medir medio quilómetro de alto, y su interior oscuro, yo la identifiqué como el aula de pintura.


Me encontraba jugando al baloncesto en una de las pistas con mis compañeros de la ESO, cuando empezó a sonar de fondo una música de festival, todos los que se encontraban allí, cientos de alumnos, fueron a una gran pista automáticamente se pusieron a danzar, haciendo un espectáculo coreográfico con piruetas, montañas humanas, fuegos artificiales, y el efecto del agua del suelo que creaban cortinas y chorros de agua al compás de la canción mientras bailaban. Fueron todos menos mis compañeros de clase y yo que nos quedamos mirando estupefactos aquella danza tan perfectamente organizada. 

Uno de mis amigos dijo:

-Joder, siempre nos toca la peor clase


Vigilia

Uno de mi infancia que siempre recordaré


Estaba con mis padres, un matrimonio amigo de ellos y yo, en el porche de mi casa de campo, reunidos y sentados frente a una mesa, mi campo está situado en un terreno entre bancales o desniveles, pero en el sueño, ahora yacía sobre una  diáfana llanura y era toda vegetación con un verde intenso, saturado a fuerza. 

Era de día, al fondo montañas demasiado rocosas y apiladas, en el cielo ni una nube. 

A unos cien metros de la casa se alzaba una arquitectura plateada, de base cilíndrica y aplastada, muy amplia desde afuera, de la cual no se podía ver nada de su interior y tenía una compuerta, como la de un ascensor, esto era el único sistema de acceso al edificio. En una infinita fila de dos en dos, que se perdía por el horizonte, la gente esperaba para entrar. 

El proceso era el siguiente: dos personas, mujer y hombre entraban por la compuerta que se habría para avisar pasaran las dos siguientes personas, y se cerraba in situ justo cuando cruzaban el umbral. Un platillo volante bajaba desde el cielo y se posaba sobre el cilindro, 3 segundos y la nave despegaba de nuevo a perderse en el cielo. La compuerta de nuevo se abría para invitar a los dos siguientes, y así sucesivamente.


Ahora yo estaba justo el primero de tan basta fila, junto a una muchacha que no sabría identificar, pero por asociación pensé que sería la hija del matrimonio que acompañaba a mis padres. La compuerta se abrió, entramos y se cerró rápidamente, totalmente a oscuras, en un instante se oyeron unos motores empezar a funcionar, y el suelo tembló al igual que tiembla el suelo de un ascensor en el momento en que se pone en marcha. Unas luces iluminaron el recinto, le pregunté a mi acompañante si se encontraba bien ,y me di cuenta de que la muchacha ahora no tenía ahora piel, y sus ojos eran oscuros y el pelo le ocultaba gran parte de su rostro, estaba arrodillada a un extremo de la sala, que era relativamente pequeña. 

Me asusté y me apoyé al otro extremo, una ventana de luz apareció encima de mi cabeza, y el sonido de unos pasos que se acercaban, en cinco segundos un hombre de aspecto muy estilizado y alargado, también sin piel y con los ojos como perlas negras apareció rápidamente de entre ventana inclinándose para mirarme fijamente, gritó muy fuerte con varias voces, desafinando y mostrándome sus múltiples dentaduras.

Vigilia.